Tropezar en la misma piedra

En ocasiones parece que somos expertos en repetir varias veces el mismo error…

Está científicamente demostrado que aprendemos de la experiencia, de las consecuencias que tienen nuestros actos, de las consecuencias que tienen los actos de otros… Pero también está científicamente demostrado que a veces se pueden necesitar varios ensayos erróneos para eliminar un comportamiento y cambiarlo por otros más adecuados (aunque es cierto que muchas veces ni siquiera sabemos cuál es la alternativa más adecuada, o ni siquiera sabemos cómo hacerlo de otra manera… y esto dificulta el cambio).

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Ahora bien, aunque equivocarnos varias veces puede ser comprensible, eso no debe convertirse en una escusa para seguir repitiendo malas decisiones, sobre todo si ya te has dado cuenta de que te hacen sufrir. Si este es tu caso, puedes intentar aprender de la experiencia y evitar caer dos veces en la misma piedra, bien sean situaciones, amistades, relaciones de pareja… Aprende qué tipo de consecuencias tienen ciertos actos y si éstas no te gustan,  puedes tratar de modificar tu forma de manejar esas situaciones. Aprende también qué cosas quieres o no quieres en la gente con la que te relacionas y elige cómo quieres actuar con según qué personas.

Tu puedes controlar en gran medida la dirección que toman los acontecimientos, por lo que no te dejes llevar por viejos hábitos o patrones si ya sabes que el resultado no te gusta.

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Con personas ocurre igual. Quizá tengas la sensación de que permites ciertas cosas que te hacen sufrir, o puede que mantengas en tu vida a algunas personas o relaciones que no son satisfactorias.

  • Si hay ciertas características de una persona que no te gustan, existen varias opciones: 1) Pasarlo por alto si no es nada trascendental para ti; y 2) Si es algo importante puedes pedir un cambio, pero siempre dependerá del otro querer hacerlo y hacerlo de verdad (que no es lo mismo), o no. En ese último caso, de nuevo la decisión está en tus manos. Tu decides qué importancia quieres que tenga eso o qué papel quieres que ocupe esa persona o esa relación en tu vida.
  • Si hay personas cuya forma de relacionarse contigo te resulta dañina o no te compensa, puedes poner límites y distancia, ir determinando tú en qué términos quieres que se desarrolle esa relación (bien sea de amistad, laboral, de pareja, familiar…), de forma que, aunque al principio a la otra persona le extrañen los nuevos términos y tu nueva forma de actuar hacia ella e incluso le cueste aceptarlos, se terminará adaptando. Incluso puede haber ciertas relaciones que directamente te interese romper porque no te interesa tener a esas personas en tu vida. A veces es duro dar el paso de romper relaciones, pero es importante aprender a cuidarse.

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¿Por qué caemos varias veces en la misma piedra?

Te preguntaras por qué comentemos varias veces el mismo error o caemos en el mismo tipo de relaciones, aunque sepamos de sobra que nos están haciendo daño. Las razones pueden ser múltiples y diferentes en cada caso, por lo que si realmente detectas una dificultad que interviene en tu bienestar, siempre puedes pedir ayuda profesional. Uno mismo no siempre sabe cómo puede resolver sus problemas. No obstante, algunas de las razones por las que podemos repetir los mismos errores son:

  • Los beneficios: Hay parte o momentos de la situación o de la relación que nos resultan beneficiosos y que compiten con los costes generados. Cuando experimentamos los beneficios olvidamos todo lo malo. La aparición intermitente de estos aspectos positivos nos mantiene enganchados. Este mecanismo se conoce en psicología como “Refuerzo Intermitente”.
  • Los altos costes del cambio: En ocasiones el coste de cambiar o dejar de hacer las cosas como siempre es tan alto que preferimos dejarnos llevar por la inercia, o nos desalentamos ante la aparición de las dificultades.
  • El entorno lo dificulta: Pueden existir factores externos que dificulten nuestros intentos de cambiar las cosas.
  • Los cambios son mal recibidos por otros: Cuando el entorno está acostumbrado a una forma de proceder por nuestra parte puede extrañarse cuando tratamos de empezar a actuar de otra manera y reaccionar de forma negativa ante ello. Esto puede frustrar nuestros intentos y nos pone las cosas aún más difíciles.
  • La fuerza del hábito: Podemos llevar tanto tiempo actuando de la misma manera que nos resulta casi automático reaccionar o manejar así ciertas situaciones o personas. Esto se debe a que la conducta está muy consolidada por la repetición, pero no quiere decir que no sea posible cambiarla y empezar a construir otros afrontamientos más adecuados.

Puedes cometer errores (los necesitamos para aprender), pero intenta que éstos no se repitan sistemáticamente si además te hacen sufrir. Equivocarse no es fracasar, pero utiliza lo errores para aprender realmente de ellos y prevenir que se repitan.

Tomar Decisiones

INFOGRAFÍA RESUMEN

 

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Corresponsabilidad y Reparto de Tareas en la Pareja

La conciliación de vida laboral, sentimental y familiar requiere un compromiso por ambas partes de la pareja si queremos que las cargas del día a día no se interfieran en la buena marcha de las relaciones y del hogar. Esto es aún más importante cuando se tiene hijos y las responsabilidades se multiplican y el tiempo disponible escasea.  O todos participan o… ¡alguien se ahoga!.

Tradicionalmente las tareas domésticas se han dejado en manos de las mujeres, pero los tiempos cambian y la igualdad está llegando a todas las áreas. Del mismo modo que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, el hombre se incorpora a sacar adelante el hogar. No se trata de una “Ayuda”, sino de una “Corresponsabilidad”. Ayudar supone asumir que el peso de las tareas recae sobre una de las partes (la que es ayudada), sin embargo, REPARTIR, supone entender que cada uno se hace cargo de su parte.

Imagen de Yang-Lui

Imagen de Yang-Lui

Un mal reparto de tareas puede convertirse en un motivo de desgaste de la relación e incluso llevar a la ruptura. Es importante llegar al entendimiento antes de dar más pasos en común, como tener hijos.

  • Desigualdad-parejaLas expectativas previas sobre cómo se comportará el otro en la convivencia.
  • Percibir injusticia o desigualdad en el reparto de tareas.
  • Considerar que al otro debería salirle solo o que debería conocer lo que necesitamos que haga.
  • Centrar la atención en lo que no hace y en lo que nos molesta.

Todos estos son factores que pueden conllevar frustraciones y resentimiento que si no son compartidos y resueltos terminan generando una cuenta en “saldo negativo”. Desviamos la atención hacia lo que molesta y sentimos que el otro siempre “debe”. Acabamos perdiendo de vista todo lo positivo y lo que sí hace. En este punto corremos el riesgo de que, dado el resentimiento acumulado, terminemos echando en cara al otro, rompiendo así la armonía de la pareja y pudiendo comenzar una escalada de reproches y conflictos. ¿Cómo podemos prevenirlo?: Es básico ponerlo en común y negociar un reparto satisfactorio y flexible.

¿Cómo abordar el reparto de tareas?

  • El reparto de tareas debe ser pactado y flexible: En función de las preferencias, gustos, habilidades y tiempos de cada uno o buscando una alternancia para aquellas tareas más costosas. Lo importante es llegar a un acuerdo de agrado para ambas partes que haga el día a día más llevadero y asumible. Cuando asumes una tarea y tomas conciencia del esfuerzo y tiempo que conlleva, se valora más lo que hace el otro.
  • Reparto tareas-familiaInvolucrar en las tareas domésticas a los hijos: De manera progresiva y adaptada a su edad, es importante enseñar a los niños a colaborar y a asumir responsabilidades en el hogar, haciéndoles ver que forman parte de él y de su buena marcha. Esta es una buena manera de educar en la igualdad de roles y en valores positivos como el respeto, la responsabilidad, la colaboración.
  • Aprender a delegar: Compartir tareas requiere ceder el control de las mismas sobre la otra persona, confiando en su buen hacer.
  • Aprender a pedir: En lugar de buscar que el otro adivine, pide.
  • Enseñar cómo se hace o acordar una forma de hacerlo: Si no se sabe cómo hacer algo o a alguna de las partes le gusta que se haga de una manera específica, es importante explicarlo al otro para que no se generen conflictos o toque rehacer las cosas. Esto es aún más importante con niños. No se nace sabiendo y desmotiva mucho que después del esfuerzo alguien critique lo que has hecho y lo rehaga de otro modo. Desalienta a la colaboración. Por eso, mejor consensuarlo; todo será más armonioso y nos ahorraremos trabajo.
  • Acordar los tiempos y momentos de hacerlo: En ocasiones los problemas no derivan solo de cómo se hace sino de cuándo se hace. Algunas cosas tienen su momento. Es importante acordar cuando deben estar hechas para que las discrepancias no generen malestar. De nada sirve hacer la cama en el momento de acostarse o recoger la mesa al llegar del trabajo después de todo el día (pues igual al final alguien tiene que asumir tu tarea para que la casa pueda mantener su orden y seguir su curso).
  • Valorar los esfuerzos del otro: Reconocer el papel de cada cual favorecerá el mantenimiento del compromiso con la tarea. Sienta bien saber que se reconoce tu tarea y no pasa desapercibida. No nos olvidemos de felicitar al peque por haberse hecho su cama (aunque sea “de aquella manera”, por algo se empieza), tampoco pensemos que la comida de hoy se ha hecho sola, ni que la lámpara se ha arreglado por ciencia infusa, que los niños han vuelto del cole volando, que las plantas se han regado solas, que la ropa ha aparecido planchada y colocada en el armario por arte de magia, que la nevera la recargan duendes invisibles…. Etc, etc…
  • Ser tolerante y flexible: No somos perfectos. Puede haber fallos, olvidos… y en ocasiones habrá que hacer reestructuraciones en los acuerdos previos para adaptarse a las necesidades y circunstancias.

Reparto tareas

Beneficios del reparto de tareas:

  •  Mejora la complicidad y la buena marcha de la pareja: Compartir responsabilidades supone que asumes de lleno involucrarte en un proyecto común, que respetas y valoras a la otra parte y que entiendes que “esto es cosa de dos”.
  • Mejorar el clima y la unión familiar: La participación en casa reduce las fuentes de estrés y los conflictos cuando todos cumplen su parte, además de fomentar la comunicación.
  • Ser un modelo de igualdad, valores y normas: Cuando se tiene hijos, los padres son sus principales referencias de aprendizaje. En un hogar en el que ambos colaboran, se está transmitiendo que eso es lo natural y lo adecuado y se estará rompiendo con viejos estereotipos de género. Las normas y valores inculcados en el hogar sentarán en gran medida las bases del estilo de vida de la persona.
  • Fomentar la autonomía: En la medida en que se aprende a colaborar, se aprende a hacer las cosas por ti mismo, estando así más preparado para la independencia.
  • Mejor distribución del tiempo y más tiempo libre para el ocio
  • Aprendizaje de competencias y “entrenamiento para la vida”: Participar en el hogar obliga a conocer cómo funcionan y cómo se hacen un sinfín de cosas, desde cosas básicas de cocina, hasta cuestiones de limpieza, bricolaje, jardinería, funcionamiento de electrodomésticos…
Un poco de humor... Con Agustina Guerrero

Un poco de humor… Con Agustina Guerrero

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Tips para superar el desamor y el enganche

En el post anterior hablábamos del amor no correspondido y del enganche amoroso. Veíamos algunas razones por las que puede costar desengancharnos de alguien y hablábamos de cómo superar el miedo al compromiso y al desamor.

Mencionábamos que el desamor forma parte de la vida y que aunque se trata en muchos casos de algo muy doloroso, es importante aceptarlo como algo que puede ocurrir y aprender a sobreponernos a ello lo mejor posible.

Hablábamos también de aquellos casos en los que la persona insiste en su propósito de conquistar al otro y cómo puede (y debe) llegar un momento en el que tengamos que ser capaces de aceptar la situación y desistir en nuestro empeño. Si la situación nos empieza a provocar sufrimiento, deberemos valorar hasta qué punto nos merece la pena seguir insistiendo en la conquista o seguir enganchados a una relación rota o imposible, y seguidamente debemos tratar de “pasar página” y seguir avanzando por otro camino.

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La forma en que afrontemos un desamor depende de las cosas que nosotros hagamos. En este sentido, hay una serie de cosas que nos pueden facilitar el proceso:

Pautas que pueden facilitar el desenganche amoroso

– Eliminar todos aquellos estímulos que puedan recordar a la persona querida: Dificultar el acceso a sus fotos, dejar de seguirla en redes sociales, borrar su número de teléfono, tirar o no tener accesibles objetos suyos…

– Evitar situaciones en las que no podamos encontrar a esa persona: En las etapas iniciales es mejor eliminar cualquier tipo de contacto, para facilitar el desenganche y tomar distancia emocional.

– Evitar pensar en la persona y en la relación: En la medida de lo posible, hay que evitar caer en cadenas de pensamiento relacionadas con la persona querida o con la relación que hemos tenido con ella. Cuando nos involucramos en estos pensamientos y recuerdos aparecen sentimientos negativos (dolor, rabia, frustración…) asociados al rechazo o pérdida que perpetúan el malestar. Cuanto más tiempo dediquemos a estos pensamientos, peor lo pasaremos y más presente seguiremos teniendo el “desamor”, ya que estaremos trayendo todo este asunto al presente de forma recurrente, reavivando constantemente los recuerdos y haciéndolos más sólidos y accesibles.

desamor

– Tratar de estar distraídos, hacer planes agradables, estar con gente con las que nos sintamos a gusto: Todo esto ayudará a tener nuestra atención centrada en otras cosas, reducirá la probabilidad de dedicar tiempo a pensar en el desamor y además generará emociones positivas que nos ayuden a minimizar el malestar.

– Poner medios para conocer gente nueva y potenciales parejas: Cuando la persona esté preparada (aunque esto suele requerir un tiempo), puede poner de su parte para favorecer el establecimiento de nuevas relaciones sociales de las que puedan surgir nuevas parejas. Sentir interés por otras personas suele ayudar a olvidar anteriores relaciones.

– Pedir ayuda profesional: En los casos en los que el desenganche resulta excesivamente costoso y problemático y la persona no sabe enfrentarse a ello por sí sola, puede ser de gran ayuda recurrir a un profesional de la psicología, que analice su caso y le dé pautas para manejar mejor la situación. Estos casos son frecuentes en terapia y con una orientación y guía adecuada, la evolución es muy satisfactoria.

*Sobre este tema hablaba recientemente con Fray Martínez, colega de profesión en una entrevista para su web.

 

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Amor no correspondido y enganche amoroso

Recientemente he tenido la oportunidad de colaborar con Fray Martínez, un colega de profesión, en una entrevista sobre el desamor, el amor no correspondido y cómo superarlo. (*Podéis acceder a ella aquí).

Con frecuencia observamos a personas, o incluso a ti mismo te ha podido ocurrir, que se mantienen “atados” a un amor no correspondido, constándoles mucho desengancharse pese al malestar que esta situación implica. ¿Cuál es la razón de esto? ¿Por qué persistir o engancharse tanto en algo que te hace sufrir?

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Razones que explican el enganche amoroso

Para entender mejor la forma en la que cada uno vive y afronta un amor no correspondido o una ruptura, depende en gran medida de cuál ha sido la trayectoria de relación con esa persona: Si se ha llegado a tener “algo” con esa persona, qué tipo de relación se ha tenido, las idas y venidas, el grado de implicación de cada miembro, la intensidad de las emociones hacia el otro…

La Idealizazión del otro y las expectativas de conquista:

Por un lado, si ha existido en algún momento cierta reciprocidad en los sentimientos, es más probable que la parte “rechazada” siga enganchada a lo que hubo en el pasado y le cueste “pasar página” de esa relación. Por otro lado, si el amor nunca ha sido correspondido, la persona puede seguir enganchada  a una imagen idealizada del otro, probablemente distorsionada, al no conocer realmente a la persona y cómo sería una relación con él.

Ésta idealización suele ser el resultado de imaginar lo que cada uno desearía o esperaría idealmente del otro, lo cual no suele cumplirse. Las expectativas de lograr conquistar al otro son otra de las razones que pueden mantener a una persona anclada en una relación no correspondida. En estos casos, lo que mantendría el enganche serían las consecuencias agradables que la persona anticipa (ej. Imaginarse en una relación con la persona amada, disfrutar de toda esa idealización que la persona genera en su imaginación).

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Estas expectativas y anticipaciones son las que le motivan a persistir, pese al coste y dolor que esto pueda provocar. Pero ¡cuidado!… es cierto que en muchos casos se cumple ese dicho de “quien la sigue, la consigue”, pero también debemos asumir que eso no es cierto siempre. El otro también tiene derecho a decidir con quién quiere estar, y no siempre podemos ser nosotros. Entonces debemos, primero aprender a valorar hasta qué punto nos merece la pena seguir insistiendo en la conquista de alguien o manteniéndonos enganchados a una relación rota y en segundo lugar, aprender a cortar con eso cuando nos provoque malestar y nos impida continuar avanzando con nuestra vida.

Las muestras de interés intermitente:

Otro aspecto que dificulta el “desenganche” es cuando la persona que finalmente es rechazada ha vivido muestras de interés intermitente por parte del otro: En ocasiones la persona parecía mostrarse interesada, tenía muestras de cariño y parecía querer apostar por la relación, pero otras veces se mostraba distante o desinteresada por la relación. Bajo estas condiciones de intermitencia en la implicación y la atención se favorece el “enganche” al otro, ante la falta de claridad sobre sus intenciones (da información contradictoria) y la expectativa de que en cualquier momento éste vuela a demostrar interés.

El valor deseable de la persona querida:

Otra de las razones que hacen difícil superar un amor no correspondido se deriva del valor que adquiere para nosotros la persona querida. Los psicólogos sabemos que aquellos estímulos, personas u objetos que nos resultan deseables pero no están a nuestro alcance, aumentan su valor atractivo. El efecto de “privación” al que nos referimos está demostrado científicamente y explica en gran medida el hecho de que la persona deseada incremente su atractivo al no estar disponible. Pensemos en nuestra comida favorita. Si comiéramos de ella todos los días probablemente en poco tiempo nos encontraríamos saciados y perdería para nosotros ese valor gratificante. No ocurriría lo mismo si sólo pudiéramos comerla cuando vamos de visita a casa de los padres.

Este efecto es aún más potente en los casos en que ha habido una “intermitencia” en las muestras de interés. Si previamente ha habido una fase de distanciamiento por parte de la persona deseada, cuando reaparecen las muestras de interés y cariño, éstas aumentan su valor positivo. Por esta razón las “apariciones” delo otro pueden compensar con creces los momentos de “desaparición” y mantener a la persona a la espera del siguiente “acto de presencia”.

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Recrearse en el desamor y poner trabas al olvido:

Por último, otra razón por las que puede costar superar un rechazo amoroso es porque la persona rechazada, en lugar de poner en marcha mecanismos para facilitar el olvido, sigue recreándose en los recuerdos de la otra persona y en el dolor que supone el rechazo, es decir, sigue haciendo cosas que mantienen presente a la persona querida y que dificultan pasar página, como pueden ser: Seguir teniendo contacto con la persona, seguir observando sus redes sociales, hacer por verle, pensar constantemente en la persona…

Cómo superar el miedo a no ser correspondidos en el amor

El miedo al rechazo amoroso puede derivar de alguna mala experiencia previa (Ej. Un desengaño amoroso que provocó mucho malestar,  observar lo mal que lo pasó un colega cercano tras un desamor…). Este miedo a sufrir puede favorecer que la persona ponga en marcha mecanismos para protegerse de ello: Ser desconfiado, no querer intimar, no involucrarse en relaciones serias, tratar de controlar la evolución de sus sentimientos, romper relaciones cuando la persona nota que está sintiendo demasiado….  En casos extremos, incluso puede llegar a evitar conocer gente o potenciales parejas…

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Este miedo puede aparecer también sin que exista una experiencia previa de desamor, simplemente por anticipar el malestar que provocaría el rechazo. No obstante, en ambos casos (tanto si existe experiencia como si no), el miedo a no ser correspondidos es totalmente irracional, ya que nunca sabremos si eso será así o no si no lo intentamos. Si permitimos que este miedo nos limite a la hora de involucrarnos en una relación, podemos estar privándonos de vivir experiencias y conocer a personas muy enriquecedoras.

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Por otro lado, en la medida en que nuestros miedos nos frenen a la hora de conocer a alguien o de intimar con alguien, estarán interfiriendo en la reciprocidad que fundamenta las relaciones interpersonales: Si una de las partes no se implica y no “da” al otro, es posible que el otro tampoco esté motivado para implicarse o que la relación deje de compensarle al percibir un desequilibrio en el grado de entrega e interés. Esto hará que la relación no vaya a más y puede terminar confirmando la expectativa inicial del “miedoso” de que “no merece la pena apostar ni implicarte en el amor, porque al final terminan haciéndote daño o abandonándote”.

Es importante que el miedo a no ser correspondidos no nos limite. El desamor forma parte de la vida. Del mismo modo que a nosotros no nos gustan todas las personas, tampoco podemos pretender que nosotros gustemos a todas. Es por ello que debemos aprender a contemplar el desamor como algo natural, algo que puede pasar, aunque sea claramente doloroso. Lo importante es que aprendamos a sobreponernos a ello y pongamos en marcha acciones que nos ayuden a superarlo en lugar de dificultarnos el proceso.

*En este post puedes encontrar un conjunto de tips para superar un desengaño amoroso o una ruptura.

 

Puedes seguir a Fray Martínez en sus redes sociales:

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Curso Análisis Funcional Aplicado a la Intervención Clínica

El sábado 28 de octubre de 2017 impartiremos en ITEMA  la IV edición del curso presencial de Análisis Funcional Aplicado a la Intervención Clínica.

Desde ITEMA consideramos que el Análisis Funcional es una herramienta esencial para un buen análisis, explicación e intervención de los problemas clínicos. Por ello, estamos muy familiarizados con el uso de esta herramienta como pieza clave en nuestro abordaje terapéutico. Así mismo, llevamos años formando a nuestros alumnos y a diversos profesionales en los aspectos teóricos del Análisis Funcional y en su aplicación práctica en el contexto clínico.

El curso tendrá una duración de 8 horas durante las que profundizaremos en el conocimiento de esta herramienta, básica para el ejercicio de la psicología clínica y sanitaria desde un punto de vista científico. Realizaremos un recorrido por las bases teóricas del análisis funcional para pasar posteriormente a centrarnos en su aplicación clínica.

Los grupos serán muy reducidos para permitir el trabajo práctico sobre casos reales y favorecer una dinámica interactiva entre el profesorado y los alumnos.

Para más información e inscripciones, contactad con ITEMA por mail (contactar@itemadrid.net) o teléfono (914357595).

 

Curso AF-1

 

Curso AF-2

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Las rutinas infantiles

Las rutinas son esenciales para la educación y desarrollo de los niños desde el momento en el que nacen. Ellos inicialmente no conocen el orden de las cosas, por lo que somos los adultos y figuras de autoridad, quienes debemos enseñarles a organizar su vida.

Para ello, desde los primeros días de vida se repiten rituales que ayudan a que el niño vaya asimilando un esquema que hace su mundo más predecible y seguro. Primero aprenderán los tiempos de sueño y alimentación y, poco a poco, con nuestra ayuda irán adquiriendo otras rutinas muy necesarias para una buena socialización y desarrollo. Por ello es tan importante el papel de los adultos a la hora de fijar el cómo y el cuándo se hacen las cosas.

Beneficios de las rutinas

  • Aportan seguridad y sensación de control sobre el entorno: Establece para los niños un orden en su día y les ayuda a predecir y saber qué esperar.
  • Ayudan a desarrollar destrezas y hábitos: Con la repetición algunos comportamientos se perfeccionarán y otros se convertirán en hábitos que se realicen de forma automática, reduciendo su coste.
  • Reducen los conflictos en casa: Al establecer unas dinámicas o normas que es preciso aceptar y cumplir existirán menos fuentes de tensión.
  • Favorecen la independencia y la responsabilidad: Gracias a un progresivo traspaso de control hacia el menor sobre los comportamientos aprendidos, se le irá proporcionando autonomía. Comprobar que pueden ir haciendo cada vez más cosas por sí mismos puede ser muy satisfactorio para ellos.
  • Incremento de la autoestima y confianza en sí mismo: Al constatar sus capacidades y autonomía, a medida que vamos depositando confianza en ellos.
  • Sentimiento de utilidad: Al sentirse de ayuda para nosotros cuando delegamos tareas.
  • Beneficia la salud física, psicológica y emocional: La estructuración de horarios y rutinas (comer, dormir a las mismas horas…) es clave para un correcto desarrollo físico y psicológico.
  • Favorecen la obediencia: La creación de rutinas evitará que tengamos que repetir las instrucciones una y otra vez. Son una buena alternativa para que obedezcan porque favorecen la automatización de los protocolos y normas de actuación fijadas, y más si les implicamos en el establecimiento de las rutinas (más abajo te doy las claves).
  • Reduce el nivel de estrés de padres o figuras de autoridad: Al proporcionar una estructura y reglas se mejora el comportamiento de los niños, se evita el caos y se reducen los conflictos.

rutinas niños

¿Cómo y cuándo fijar rutinas?

Las rutinas no solo ayudan al bebé a organizar y comprender su entorno desde su llegada al mundo, además nos ayudan a los adultos a organizarnos. Éstas deben irse fijando desde el principio. Los bebés aprenden a dividir el día en fases y para ello se sirve de señales externas como el día y noche y actividades como comer y dormir. Seguir una rutina y horarios les ayudará a estructurar su vida y ritmos circadianos. Se empezará desde lo más básico (la alimentación y el sueño, que inicialmente se establecerá en base a sus necesidades, para luego irlo ajustando a ritmos cada vez más parecidos a los adultos). A medida que vayan creciendo se pueden ir introduciendo rutinas más diversas y complejas, ajustadas a su edad y a las necesidades del contexto (familia, escuela…).

Psicosalud-Rutinas

Principales rutinas a implantar:

  1. La comida: Ayudará a ir organizando su día. Se pasará de comer a demanda a ir estableciendo unos horarios cada vez más parecidos a los del adulto, y a ser posible, fijos.
  2. El baño: Además de ser una actividad relajante, puede señalar que después toca irse a dormir.
  3. El sueño: los bebés y niños necesitan dormir más. El sueño permite fijar los aprendizajes y tener el cerebro preparado para seguir aprendiendo.
  4. La higiene: Los hábitos que se instauran desde niños son más fáciles de mantener; por contra los hábitos no adquiridos son más difíciles de instaurar a posteriori. Es por ello que enseñar hábitos para una correcta higiene será de vital importancia y nos aseguraremos de que, en adelante, formen “parte de ellos”, y los realicen de forma automática.

Cómo implantar rutinas:

  • Fija las señales: Establece aquellos estímulos que determinen el inicio del hábito o rutina y procura que sean siempre las mismas (Ej. Poner el babero indicará que llega el momento de comer; Terminar de comer puede indicar que toca ir a lavarse los dientes…)
  • Constancia: Sobre todo al principio es importante que todo se haga de la misma manera y se repita igual durante un tiempo.
  • En positivo: Plantéalo siempre como una actividad agradable, buena y positiva… No lo hagas ver como un castigo o algo costoso.
  • Participativo: Puedes involucrar al niño en el aprendizaje de rutinas pidiéndole que sea él mismo quien describa cómo y cuándo debe hacer ciertas cosas. Para ello en Guía Infantil, nos proponen la realización de una “tabla de rutinas”.

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  1. Siéntate con tu hijo y explícale que vais a crear una tabla de rutinas para determinada actividad (ej. Lavarse los dientes). Pídele que te diga qué cosas suele hacer antes y durante dicha actividad.
  2. Enumera y ordena los pasos: Haz un listado conciso contemplando aquellas pasos adecuados para implementar la rutina y el orden que deben seguir (eliminando aquello que no sea procedente).
  3. Crear una cartulina: Propón a tu hijo crear la tabla de rutina en una cartulina. Se pueden usar pegatinas, dibujos recortes… que representen los pasos a dar y lo hagan más visual y divertido.
  4. Colocar a la vista: Pon la cartulina en un lugar visible para el niño y remítele a seguirla durante la fase de aprendizaje.
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Imagen de Guía Infantil

¿Y qué pasa en vacaciones?

Hay momentos en que seguir las rutinas del día a día se hace más complicado. Un ejemplo de ello son los períodos vacacionales. Durante éstos, el cambio de horarios y ritmos de actividad y la mayor flexibilidad en las normas pueden tener algunos efectos negativos:

  • Alteraciones del sueño, peor descanso y afectación del humor (mayor irritabilidad, estar más protestones y quejicas…)
  • La mayor laxitud favorece conductas de desobediencia cuando se realiza una petición. Retomar las rutinas resulta más costoso cuando se desacostumbran a realizarlo.
  • Facilita el aburrimiento y la inquietud cuando no se tiene muy claro cómo ocupar el tiempo (y no han desarrollado la creatividad y recursos para ello).
  • Posible aumento de los conflictos intrafamiliares al no estar las normas tan claras. El niño puede abusar de esa mayor flexibilidad y tensar la cuerda para salirse con la suya, con la consiguiente pérdida de paciencia de los padres, los roces entre hermanos….

Por estas razones, incluso en vacaciones, debemos seguir imponiendo una mínima disciplina y rutinas básicas, aunque es igualmente importante que seamos algo más flexibles con ellas.

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¿Para qué una media naranja…si puedo tenerla completa?

Este post trata del amor, del enamoramiento, de la capacidad de amar y de las relaciones de pareja, pero también de los mitos y falsas concepciones articuladas en torno a todo este tema y que condicionan, en gran medida, nuestra manera de pensar en el amor, nuestra forma de vivirlo, nuestra forma de buscarlo y nuestra forma de cultivarlo y mantenerlo vivo en nuestras relaciones.

La cultura occidental lleva siglos cultivando una idea de amor “romántico” muy atractiva que nos pinta la posibilidad de encontrar “medias naranjas”, parejas con las que realmente conectemos y nos invita a pensar que si esa conexión inicial es tan intensa (y de hecho en esos momentos puede serlo), ¿cómo podría fracasar esta relación que ahora sentimos tan perfecta? ¿Cómo podrían diluirse estos sentimientos que ahora sentimos tan intensos hacia el otro? Incluso nos cuesta creer que esa chispa y esa atracción pueda desaparecer. Sin embargo, esta concepción del amor y las relaciones de pareja es tan atractiva como falsa e idealizada. Es una concepción “romántica”, y como bien describe la RAE, “sentimental y soñadora” y no porque una relación de pareja no pueda ser satisfactoria y duradera, sino porque lo ilusorio es pensar que la satisfacción y el amor en la pareja vendrán dados por defecto, creer que la chispa inicial durará siempre, que a nuestra pareja nunca le encontraremos defectos (y que nosotros tampoco los tendremos para el otro), que siempre irá todo sobre la seda y que nunca surgirán problemas ni desencuentros…

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La investigación ha demostrado que esa “chispa” inicial tiene una duración limitada y tiene que ver con muchos factores que entran en juego cuando los miembros de la pareja se conocen. Pero eso no condena la relación al fracaso. La atracción y fogosidad inicial serán sustituidos por otro tipo de emociones más moderadas, pero más sólidas y estables hacia nuestra pareja. Estas tendrán menos que ver con la novedad inicial y más que ver con el establecimiento de un mayor compromiso, producto de la convivencia, el desarrollo de la intimidad, la complicidad, la confianza… Llegada esta etapa, la capacidad de adaptación, comunicación y resolución de conflictos entre otras habilidades, serán claves para mantener la relación sana y satisfactoria (ver “Enamorarse a diario”)

La Media Naranja… ¿Un mito?

Uno de los grandes mitos que condicionan la manera occidental de pensar en el amor es el de la “Media Naranja”, también conocido como “Mito de Aristófanes” y que tiene su origen en la Grecia Clásica. Platón en “El Banquete” relata este discurso de Aristófanes en el que explica como al principio de los tiempos, los humanos eran criaturas perfectas compuestas por dos cuerpos unidos entre sí. “Todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción”. Había entonces 3 sexos: el formado por  hombre+hombre, el formado por mujer+mujer y el andrógino (hombre+mujer). Los humanos osaron enfrentarse a los dioses ante lo cual Júpiter optó por reducir su fuerza y perfección diseccionándoles en dos mitades. La consecuencia fue que cada parte echaba de menos a su mitad y hacía esfuerzos por encontrarla. “…Y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, abrazadas, perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra”

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Explica Aristófanes que “desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de unos a otros innato en los seres humanos y aglutinador de la antigua naturaleza que trata de hacer un sólo individuo de dos (….) cada uno de nosotros es, por lo tanto, una contraseña de otro, al haber quedado seccionados (….) en consecuencia, el anhelo y la persecución de ese todo recibe el nombre de amor (….) nuestra raza sólo podría llegar a ser feliz si lleváramos a su culminación el amor y cada uno encontrara a su propio amado, retornando a su antigua naturaleza”.

 ¿Qué implicaciones tiene este mito para la concepción del amor?

De este mito se pueden derivar varias ideas erróneas:

  • Existe una media naranja con la que encajaremos a la perfección y con la que el amor será siempre intenso y perfecto: Esto es irracional en sí mismo pues no podemos esperar la completa perfección y el completo encaje con el otro, simplemente porque es difícil que nosotros tengamos esa misma perfección que ofrecer. Pero que no sea todo perfecto no quiere decir que las dificultades o diferencias no sean salvables o incluso enriquecedoras. Sólo hay que saber lidiar con ellas. Lejos de que exista una sola pareja perfecta con la que poder ser feliz, existen muchas oportunidades de ser felices. Existen muchas parejas potenciales con las que, si ponemos ambos de nuestra parte, mantener relaciones duraderas, satisfactorias y únicas. Estas parejas podrán durar toda la vida o no, y eso ya dependerá de muchas variables, pero la explicación nunca será que hayamos encontrado o no a nuestra media naranja, sino más probablemente, que hayamos sido capaces de cuidar el amor y la relación.You and me
  • Necesitamos de una pareja para ser felices: Este mito lanza la idea de que las personas estamos incompletas y necesitamos de otro para alcanzar la felicidad. Sin embargo, el tener o no pareja es una decisión individual que en nada tiene por qué condicionar nuestro grado de felicidad. Esta decisión dependerá sobre todo de los valores y expectativas vitales de cada persona y de sus habilidades para alcanzar la satisfacción y el bienestar en las diferentes facetas de la vida, tanto si se tiene pareja como si no.boy-girl-stick-silhouettes-for_small
  • Sólo soy completo con mi pareja. Estar en pareja supone renunciar a la individualidad: Es cierto que en una relación de pareja ambas partes aportan y pueden llegar a crear un fantástico tándem. Pero eso no debe implicar que cada una de las partes se sienta incompleta sin el otro, ni que no haya espacio para la individualidad y las parcelas de cada uno. En la pareja no necesariamente todo debe ser compartido y en este sentido, la pareja debe ser más que la suma de sus mitades. Debe ser la suma de personas “completas” (de ahí el título de este post). Una pareja es más rica cuando ambos miembros se sienten completos en su individualidad, sin depender del otro o de la relación para ser feliz. Sin duda, aquellas parejas en las que ambos miembros se sienten realizados en las distintas facetas de sus vidas, son más sanas y satisfactorias. Hay que lograr mantener un equilibrio entre la vida en pareja y la individualidad de cada uno. Estudios sobre el tema han revelado que el disponer de tiempo para los hobies, el que existan cosas no compartidas de las que se pueda hablar y con las que nos podamos seguir enriqueciendo mutuamente, el que el otro nos pueda aportar cosas diferentes y el tener nuestros propios espacios de intimidad pueden fortalecer la relación. Cuando cada uno se preocupa por sentirse satisfecho y feliz y no deposita exclusivamente en el otro la responsabilidad de hacerle feliz, la relación será más satisfactoria.

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  • Nuestro nivel de amor, deseo y compromiso no debería declinar jamás: La idea de la “media naranja” pinta la pareja tan perfecta que es costoso pensar que los niveles de sentimiento e implicación puedan variar en algún momento. En las etapas iniciales a todos nos cuesta pronosticar que pueda ser así, pero de hecho, esto es lo natural y previsible. Ese estado de “chispa” inicial tiene más que ver con la novedad y cocktail hormonal de los comienzos (nuestros circuitos del placer están muy activos en esos primeros momentos, como si de una droga se tratase) que con el verdadero amor y cariño, que se va desarrollando con las experiencias compartidas. El grado de deseo puede fluctuar en una relación por diversos factores, así mismo también puede fluctuar el grado de compromiso e implicación de las partes y variar los sentimientos que tenemos hacia nuestra pareja. La explicación de estas fluctuaciones suele estar en que el devenir de una pareja no se puede dejar al azar ni al destino. Por eso es sumamente inadecuada la idea de que “Estábamos destinados a encontrarnos”. El devenir de una pareja depende en gran medida de las habilidades de sus miembros para adaptarse y resolver conflictos y de la implicación que ambos pongan en cuidar la relación. Si una relación pasa por momentos difíciles habría que analizar las razones de esas dificultades y tratar de darles solución. Si esta tarea excede las capacidades de la pareja siempre es posible acudir a un profesional. A amar y a estar bien en pareja se aprende.

 

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Publicado originalmente el 13 de septiembre de 2016: ¿Para qué una media naranja…si puedo tenerla completa?

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