Objetivos y Propósitos ¿Cómo lograrlos?

*Post publicado originalmente en ITEMA  (Artículo de Miriam Rocha Díaz)

Septiembre es muy buena época para marcarnos buenos propósitos y objetivos a lograr durante el “curso”. Llegamos de vacaciones con las pilas cargadas y concienciados de que este año será diferente, pero la experiencia previa nos dice que esas buenas intenciones se quedan en eso, “buenas intenciones” que no se materializan en acción ni en logros. Pero…. ¿Por qué nos ocurre esto? ¿Por qué nos falta “fuerza de voluntad”? ¿Qué podemos hacer para conseguir llevar a la acción nuestros propósitos?…

Vamos por partes, y lo primero: ¡no te desanimes!. Los psicólogos sabemos mucho acerca de cómo lograr implementar cambios en la conducta de la gente y al final de este post, desde ITEMA, te propondremos una serie de pautas que pueden ayudarte a conseguir tu objetivo.

Puedes seguir leyendo el artículo original en: Objetivos y Propósitos ¿Cómo lograrlos?

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*Recientemente hablé en La Ventana de la Cadena SER con Elia F. Granados y Roberto Sánchez sobre la fuerza de voluntad en la sección “Mañana Empiezo”. Puedes escuchar la entrevista en este enlace (a partir del min. 19): Mañana empiezo a tener fuerza de voluntad.

 

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Sobrellevar la vuelta al trabajo

Se terminaron las vacaciones y toca volver… La vuelta es dura pero siempre podemos poner algo de nuestra parte para conseguir que la vuelta no se convierta en una cuesta arriba, sino en una llevadero “paseo”.

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  1. Retorno progresivo: Para minimizar el choque con la desconexión vacacional y la ansiedad de retomar todo de golpe, en la medida de lo posible, reincorporarse paulatinamente: media jornada, retomar a mitad de semana (miércoles, jueves)… Esto favorece una primera toma de contacto, conocer cómo están las cosas para organizarte de nuevo y empezar con buen pie, tomando el control de la nueva situación sin que resulte tan abrumador.
  2. Pedir Información: Que tus compañeros de confianza te pongan al día de lo acontecido y te orienten en qué punto están las cosas (sobre todo si trabajas en equipo o si tu trabajo están en relación con el de otros) ayuda a clarificar antes la incertidumbre y agiliza el proceso de adaptación.

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  3. TerminplanerOrganizarse y Priorizar: Una vez conocida la situación y las tareas a abordar establece prioridades, pero ten en cuenta que la jornada laboral es limitada. Intenta (aunque a todos nos cuesta), estimar los tiempos que te suele llevar cada cosa para no saturar tu planificación de tareas que luego se quedan sin abordar. Si eres de los que se siente mal o eres incapaz de dejar las cosas sin terminar (y prolonga su jornada sin saber cortar con el trabajo por este motivo), aprende a poner límites y posponer. Lo que se quede sin hacer se planifica para el próximo día. Esto te obligará a priorizar mejor. Poco a poco aprenderás a estimar mejor los tiempos (si ejercitas este trabajo de planificación). Cuenta con que a la vuelta de vacaciones nuestra concentración puede estar algo más dispersa hasta que nos readaptemos a la rutina, los horarios, las responsabilidades. Tenlo en cuenta para planificar los tiempos y sé flexible.vuelta-trabajo

 

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Afrontar la vuelta al cole… ¿Cómo pueden ayudar los padres?

La vuelta al cole puede suponer un cambio muy notable en las rutinas de los niños. El tiempo de verano está asociado a actividades más lúdicas y horarios y responsabilidades más flexibles. Empezar el cole supone la vuelta a la rutina y a las obligaciones. Si a los adultos nos cuesta ¿cómo no les va a costar a ellos?.

La vuelta a la “normalidad” requiere un proceso de adaptación que puede acarrear alteraciones emocionales o comportamentales en los niños (apatía, tristeza, irritabilidad, oposicionismo y conductas desafiantes, alteraciones digestivas…). Sin embargo esto no es necesariamente así y podemos prevenir la aparición e intensidad de las mismas ayudando a que la vuelta a la rutina de los niños sea más paulatina y llevadera. Cuanto más abruptos sean los cambios, mayor choque con la realidad y mayores dificultades y sufrimiento pare el niño.

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La clave está en procurar una reentrada paulatina en la rutina y ajuste progresivo de las expectativas del niño sobre lo que se encontrará en unos días. Hay que procurar no dejar para el último momento los preparativos de la vuelta al cole.

¿Qué pueden hacer los padres?

1) Reestructuración de horarios: Es importante ir ajustando los horarios del niño a los que tendrá durante el curso: Horas de acostarse y despertarse, horario de comidas… Empezar a levantarles a la hora escolar en los días previos para evitar el cansancio, la irritabilidad y los enfrentamientos asociados al madrugón. Ligado a esto, es importante que cuando empiece el cole reservemos el tiempo suficiente para los quehaceres matutinos y así evitar estreses que puedan derivar en conflictos.

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2) Mantenimiento de rutinas y responsabilidades básicas: Durante el verano es importante mantener aquellas exigencias que tiene el niño durante el curso (ej. Hacer su cama, dejar ordenada su habitación, ayudar a poner la mesa…), para que la vuelta no sea un choque aún mayor.

3) Dedicar tiempo a “actividades escolares”: Durante el verano resulta beneficioso dedicar un tiempo diario a actividades relacionadas con lo trabajado en la escuela: Unos minutos de lectura, jugar a acertijos, resolver enigmas, videojuegos pedagógicos… Ahora las nuevas tecnologías nos facilitan este asunto ofreciéndonos muchas app y materiales que convierten en algo lúdico e interesante los contenidos académicos. El objetivo es que mantengan los procesos cognitivos activos y los contenidos trabajados relativamente accesibles para la vuelta.

4) Adoptar una actitud positiva hacia la vuelta al cole: Es importante transmitir a los niños normalidad y hacerles explícitos los aspectos positivos de la vuelta. Siempre es bueno recordarles experiencias positivas asociadas al colegio y no manifestarles nuestras preocupaciones, miedos e inseguridades. Los padres somos un modelo de conducta para los hijos y es importante que ellos observen que sobrellevamos bien la vuelta al trabajo y su vuelta al colegio. De lo contrario les estaremos transmitiendo que la vuelta es algo negativo por lo que hay que sufrir.

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5) Información ajustada: Proporcionar información al niño sobre lo que se va a encontrar (adaptado a su nivel de comprensión) ayuda a reducir la ansiedad asociada a la incertidumbre. Esto es importante sobre todo en las primeras incorporaciones al cole o guardería, cuando no existen experiencias previas.

6) Evitar las disputas: Así mismo hay que evitar las disputas, amenazas y los chantajes emocionales asociados a la vuelta al cole (Ej. Si no te levantas luego no iremos a la piscina; Si lloras mamá se quedará descontenta…). Es importante que la vuelta no se asocie a emociones negativas. A esto ayudará una vuelta progresiva a la rutina que reduzca las tensiones.

7) Planificar una toma de contacto con los amigos del cole: Organizar algún plan con los amigos los días previos ayuda a romper el hielo y puede ser un elemento motivador de cara a la vuelta.

8) Ritual de preparación del material: Puede ser muy positivo hacerles partícipes en la preparación o compra de los materiales… Que ayuden a forrar los libros, que rotulen los cuadernos o los adornen… Comprarles un material nuevo que puedan estrenar puede ser algo muy ilusionante. Pero, ni siquiera es imprescindible comprar. Algunas cosas se pueden hacer manualmente o customizar, lo cual puede ser muy entretenido para los niños y podemos pasar un rato agradable junto a ellos. ¡¡Arriba la imaginación!!. Esta puede ser la oportunidad perfecta para poner orden en su habitación, sus estanterías, su escritorio… y ponerlo, junto a ellos, todo a punto para la vuelta al cole. Son pequeñas cosas que ayudan a revestir la vuelta al cole de un tiente positivo.

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9) Despedida segura y cálida y recogida “interesada”: La despedida es un momento especialmente importante cuando nos enfrentamos por primera vez al colegio o guardería. Es importante que los padres no transmitan a los niños su malestar, miedos e inseguridades. Se debe mantener una actitud firme y segura pero muy cálida a la hora de la despedida y clarificar que en unas horas iremos a por ellos. Este momento no debe prolongarse demasiado y es importante que aunque el niño llore no nos acerquemos recurrentemente a consolarle. Debemos ser los primeros en mostrarles tranquilidad y en mantener la calma ante la separación. Pese a los berrinches iniciales, sorprendentemente la mayoría de los niños se adaptan con gran facilidad a lo nuevo y pronto comprobarán que el colegio o la guarde no conlleva nada malo. Al despedirnos podemos anticiparles lo bien que lo pasarán y manifestar nuestro interés porque luego nos lo cuenten. En la recogida debemos interesarnos por su día escolar. En los primeros momentos de guardería y colegio es interesante que sean los padres, en la medida de lo posible, los que dejen y recojan al niño.

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10) Mantener actividades lúdicas: Aunque haya empezado el periodo lectivo es importante no hacer una ruptura radical con las actividades lúdicas realizadas en verano y durante el curso incluir un tiempo para el juego o actividades extraescolares que supongan un disfrute para el niño, acordes con su edad.

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11) Planteamiento de objetivos: Puede resultar muy motivador fijar junto a los niños un conjunto de objetivos asequibles para el nuevo curso, de forma que su cumplimiento vaya asociado a un premio. Aunque el uso de premios es una herramienta a utilizar con moderación. Es importante que los niños aprendan a esforzarse y comprometerse sin que haya una contrapartida detrás.

12) Colaboración entre padres y profesores: Es importante que exista buena comunicación. El conocimiento por parte de los padres de las normas y lo que se hará los primeros días facilitará que incorporen a sus hijos en las dinámicas escolares. Los profesores, por su parte, deberán comentar a los padres aspectos relevantes observados, poner al corriente de las evoluciones de sus hijos y darles pautas específicas cuando sea necesario.

Para terminar conviene aclarar que la aparición de lo que se ha llamado “Síndrome Postvacacional” y que puede manifestarse también en niños con las alteraciones emocionales y comportamentales al inicio aludidas (tristeza, apatía, decaimiento, ansiedad, irritabilidad, falta de concentración, e incluso dolores de cabeza o molestias digestivas…) no es más que las consecuencias normales del proceso de adaptación que niños y adultos llevamos a cabo cuando nos reincorporamos a la rutina después de un periodo mucho más relajado. No se trata de una enfermedad ni de algo que nos deba alarmar. Además es algo que podemos prevenir aplicando las pautas anteriores y en cualquier caso, si aparece alguna alteración, remitirán con el tiempo y la entrada en la rutina. Si observamos que las alteraciones se prolongan durante cierto tiempo o resultan muy intensas habría que consultar con un profesional de la psicología.

Origen: Afrontar la vuelta al cole… ¿Cómo pueden ayudar los padres?

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¿Cómo superar una experiencia traumática?

La forma en la que cada persona reacciona ante un evento traumático difiere de una a otra, así como la forma en la que a cada cual le afecta y la duración de las secuelas que deje el suceso.

¿Qué es un evento traumático?

Se entiende como “evento traumático” un acontecimiento o experiencia negativa intensa que supone una amenaza real o potencial a la integridad física o psicológica de la persona. Estos sucesos en ocasiones ocurren de forma brusca, inesperada e incontrolable, y la víctima puede experimentar miedo intenso, bloqueo, sensación de indefensión e inseguridad y percibirse incapaz de hacer frente a la situación.

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Estas experiencias no suelen formar parte de las vivencias humanas habituales, por lo que es frecuente que la intensidad del hecho y la ausencia de estrategias psicológicas adecuadas para hacerle frente, provoquen un fuerte impacto y dejen secuelas en las víctimas. Así mismo, las secuelas “postraumáticas” pueden aparecer en víctimas directas de un hecho traumático puntual o repetido (ej. Abusos sexuales, un atentado terrorista, un accidente de tráfico…), en observadores del mismo, tras el conocimiento de un suceso traumático sucedido a una persona cercana o en personas expuestas de forma repetida a aspectos relacionados con eventos traumáticos (Ej. Socorristas, personal de intervención en emergencias, Policía…).

¿Qué eventos son susceptibles de provocar un “trauma”?

Son múltiples los hechos o experiencias susceptibles de provocar secuelas postraumáticas o ser vividos como “experiencias traumáticas”, todo depende en gran medida de variables relacionadas con el suceso y cómo éstas interactúan con variables relativas a la persona que lo vive. Hay que reiterar que no todo el mundo reacciona psicológicamente igual ante un mismo acontecimiento, ni se ve afectado de la misma manera por él.

Algunos de los sucesos considerados potencialmente traumáticos en la literatura clínica son:

Sucesos intencionados:

  • Agresiones sexuales infantiles o en la vida adulta
  • Relación de pareja violenta
  • Terrorismo, secuestro y tortura, situaciones diversas que impliquen violencia
  • Muerte violenta de un familiar o persona cercana
  • Maltrato infantil

Sucesos no intencionados:

  • Accidentes
  • Catástrofes naturales

¿Cuáles son las secuelas de un evento traumático?

El conocimiento psicológico evidencia una serie de síntomas o secuelas prototípicas que, salvando las diferencias individuales, suelen afectar a las víctimas de sucesos o experiencias traumáticas. Estos se conocen y recogen típicamente bajo la etiqueta “Trastorno de Estrés Postraumático” (TEPT).

Síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático:

  • veletaRecuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos de los sucesos traumáticos.
  • Sueños angustiosos recurrentes relacionados con los sucesos traumáticos.
  • Malestar psicológico intenso o prolongado al exponerse a factores internos o externos que se asemejan o guardan relación con algún aspecto del suceso traumático.
  • Reacciones fisiológicas intensas a estímulos internos o externos parecidos o relacionados con los sucesos traumáticos.
  • Evitación o esfuerzos para evitar estímulos externos (personas, lugares, conversaciones, actividades, objetos, situaciones) relacionados con los sucesos traumáticos y que evocan emociones negativas, pensamientos o recuerdos asociados al mismo.
  • MalestarCreencias o expectativas negativas persistentes e irracionales sobre uno mismo, los demás o el mundo (por ejemplo, «Nada va a ser igual», «No puedo confiar en nadie»). El esquema que hasta ahora se tenía de la realidad y de uno mismo se ve afectado y aparecen sentimientos de indefensión, falta de confianza y baja percepción de control sobre las cosas.
  • Estado emocional negativo persistente (por ejemplo, miedo, terror, enfado, culpa o vergüenza).
  • Estado de apatía intensa y disminución importante del interés o la participación en actividades significativas, como resultado de la reducción del estado anímico.
  • Sentimiento de desapego o frialdad hacia los demás.
  • Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas (felicidad, satisfacción, disfrute o sentimientos amorosos).
  • Irritabilidad.
  • Problemas de atención y concentración.

Para que pueda emitirse el diagnóstico de TEPT debe cumplirse el requisito de haber estado expuesto de algún modo a una experiencia o información traumática, como víctima directa o como testigo, que se cumplan un número mínimo de los síntomas anteriormente mencionados y que la duración de éstos sea superior a un mes. Dichas alteraciones deben causar malestar clínicamente significativo o suponer un deterioro el funcionamiento y la estres_postraumaticovida de la persona. Éstas alteraciones, además, no deben pode atribuirse a los efectos fisiológicos de una sustancia (por ejemplo, medicamento, alcohol…) o a otra afección médica. Sin embargo, el no cumplimiento de los requisitos mínimos para el diagnóstico “formal” de TEPT, no hace menos graves e importantes los problemas o síntomas que pueda referir cualquier víctima de un suceso traumático, los cuáles deben ser intervenidos clínicamente, si la persona lo solicita.

¿Cómo afectan los síntomas postraumáticos a las personas?

Todos los síntomas mencionados pueden darse con forma, frecuencia e intensidad diferente y su evolución y duración puede ser muy distinta en función de cada persona y de las características del suceso.

Factores que pueden modular el impacto de un evento traumático y la duración de sus secuelas son:

  • El estado emocional previo al impacto: Puede existir mayor vulnerabilidad cuando la persona está pasando por un mal momento emocional, cuando existe un elevado nivel de activación previo (Ej. Exposición a estresores o preocupaciones…), cuando hay un estado de labilidad emocional elevada…
  • Factores de personalidad: Personas especialmente miedosas, preocupadizas, impresionables… pueden verse más afectadas por el impacto de estos sucesos y estos rasgos preexistentes pueden verse agravados.
  • Estrategias de afrontamiento: La forma en la que las personas han aprendido a responder ante situaciones difíciles pueden facilitar (o también dificultar) la superación del hecho.
  • Red de Apoyo: La ayuda externa recibida tras la experimentación de un hecho traumático es un factor de gran importancia para el procesamiento y la superación de lo ocurrido. Las muestras de protección y comprensión, la aportación de ayuda de cualquier tipo…. La existencia de una red social y familiar que acompañe a la víctima en los momentos difíciles y en el retorno a la normalidad facilitará la recuperación. Así mismo, el apoyo profesionalizado, según las necesidades, es una pieza clave: Intervención policial, médica, psicológica… facilitación de información sobre lo sucedido, sobre qué hacer a continuación o a qué dispositivos recurrir… la puesta a disposición de infraestructuras y medios… Todo esto puede ser de vital importancia en los primeros momentos (intervención en crisis) pero también en los meses posteriores, por ejemplo tras un atentado terrorista, un abuso sexual, una catástrofe natural…
  • Otras variables relativas a las circunstancias y al modo en que se dan los hechos y que aumentan o reducen su valor traumático: Que sea o no un suceso inesperado, que sea algo puntual o repetido en el tiempo, factores que aumentan su potencia dañina o aversiva (Ej. Cantidad de muertos, dureza o violencia del suceso…)

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¿Cómo superar un evento traumático?

En ocasiones los síntomas pueden tener una duración limitada e ir remitiendo con el tiempo y la vuelta a la normalidad, pero es frecuente, especialmente cuando la persona ha sido víctima directa del suceso, que se haga necesaria una intervención psicológica especializada. Ésta consistiría en recopilar información sobre el hecho traumático vivido, sobre cómo han evolucionado las secuelas del mismo y qué ha tratado de hacer la persona durante este tiempo para superarlo o recuperar la normalidad… El psicólogo se dará cuenta de que algunas de las estrategia implementadas por la persona pueden ser adecuadas y otras inadecuadas, contribuyendo, sin quererlo, a mantener e incluso agravar las secuelas.

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Lo más importante para el psicólogo será conocer cómo se manifiesta actualmente el problema: De qué manera se evidencia el “trauma” y cómo está actuando la persona ahora. Esta información permitirá diseñar el abordaje y las pautas más adecuadas para corregir las dificultades y síntomas de la persona, eliminar las estrategias de afrontamiento inadecuadas, enseñar otras más adecuadas y potenciar aquellas que la persona ya está utilizando y puedan resultar favorables para la superación del trauma.

Aunque cada caso requerirá un análisis específico, algunas estrategias que pueden resultar útiles en la mayoría de estos casos se exponen a continuación.

Estrategias para superar un suceso traumático:

  • Restablecer la normalidad de la vida: Tratar de continuar con las actividades cotidianas ayudan a pasar página del suceso traumático. Esto no siempre es fácil cuando el evento se reexperimenta cognitivamente en forma de recuerdos, pensamientos intrusivos o sueños. Tampoco cuando ciertos estímulos externos elicitan los recuerdos de forma constante… Sin embargo tratar de centrar la atención en los quehaceres cotidianos ayuda a mantenernos entretenidos y reducir la aparición de pensamientos recurrentes y el tiempo dedicado a darle vueltas a los hechos. La recuperación progresiva de la mayor normalidad posible (aunque requerirá tiempo) es el principal objetivo a lograr.
  • Corregir pensamientos irracionales: Es frecuente que tras experimentar algún suceso traumático aparezcan pensamientos e ideas negativas sobre el mundo, el futuro, los otros y uno mismo… El esquema sobre el mundo y las personas que hasta ahora se tenía puede resquebrajarse (en función de la experiencia vivida) y ser sustituida por una visión más negativa. La confianza en uno mismo, en las personas y en el futuro puede verse afectada. Es frecuente que la persona se sienta insegura, indefensa y con poca sensación de control sobre las cosas. Es preciso que estas ideas y sentimientos se aborden y vayan desmontándose poco a poco para devolver a la persona la confianza y seguridad en sí mismo y en los otros, el control sobre su vida, y deje de sentirse constantemente amenazada.
  • Incrementar el estado anímico: El estado emocional se verá afectado por los hechos y las secuelas dejadas por el suceso: Los recuerdos y reexperimentación de los hechos, la presencia de pensamientos negativos, el estado de vigilancia continuo, el elevado nivel de activación, la afectación del sueño… todo esto afecta el estado emocional, manifestándose en forma de tristeza, desapego y frialdad hacia la gente o situaciones (dificultad para expresar con naturalidad emociones), apatía y falta de ganas y fuerza para hacer cosas… El estado anímico puede ir mejorando poco a poco con la ayuda del resto de estrategias que aquí se plantean.
  • Incorporación de actividades distractoras y agradables: Será importante que la persona se fuerce a estar ocupado (aunque le cueste o no le apetezca). El objetivo principal es lograr estar distraído, aunque será importante introducir también actividades agradables que puedan provocar emociones positivas. Habrá que tener algo de paciencia, es posible que al principio cueste disfrutar de las cosas y habrá que obligarse a mantenerse activo aunque no se tenga ganas de hacer nada. Poco a poco irán reapareciendo el disfrute y las ganas de hacer cosas.
  • Exposición controlada a los hechos traumáticos: Todo lo relacionado con el suceso traumático habrá quedado posiblemente “condicionado negativamente”, es decir, cualquier estímulo físico (algún objeto, persona o lugar) o cognitivo (un recuerdo o imagen) asociado al mismo tendrá la capacidad de provocar respuestas emocionales muy intensas. Los recuerdos e imágenes de los hechos tienen tanta carga emocional asociada que por ello se presentan de manera intrusiva. Para que dichos estímulos físicos, recuerdos e imágenes pierdan la capacidad de generar emociones tan intensas es preciso exponerse a ellas (ej. Hablando sobre lo ocurrido, volviendo al lugar de los hechos…), para que pueda darse un proceso de “habituación” de la respuesta emocional, es decir, que ésta vaya siendo progresivamente menos intensa ante la aparición de los estímulos desencadenantes. Es importante que esta exposición se realice de manera progresiva y controlada, siguiendo unas reglas que aseguren la “habituación” de la emoción. De lo contrario la exposición a los hechos y recuerdos traumáticos puede provocar un mantenimiento o incluso agravamiento del problema. Por ello en muchos casos es clave una intervención profesional por parte de un psicólogo que diseñe y guíe éste proceso.
  • Reducir el nivel de ansiedad y activación: Tras un hecho traumático la persona puede encontrarse más alterada durante un tiempo. Como consecuencia de esto, puede estar más irritable, irascible, impresionable, lábil emocionalmente e incluso vigilante (si ha desarrollado temor a que pueda volver a ocurrirle algo malo). Para reducir el nivel de activación es importante introducir actividades que ayuden a descargar tensión (ej. Deporte) o a inducir relajación (Ej. Yoga o cualquier cosa que genere bienestar). El entrenamiento de técnicas de relajación puede resultar muy útil.

Es importante incidir en la idea de que, pese a que habrá personas que dispongan de recursos para superar por sí mismas una experiencia traumática, en aquellos otros casos en los que exista dificultad para la superación del trauma, será importante buscar ayuda profesional que garantice un buen análisis del caso, un ajuste de la intervención a las características del mismo y una guía y acompañamiento durante el proceso de abordaje.

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Evento traumático y TEPT

CÓMO SUPERAR UN SUCESO TRAUMÁTICO

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La Motivación

¿Qué es la “Motivación?

Por lo general, a nivel cotidiano se entiende, aunque erróneamente, la motivación como una característica “interna”, algo que la persona “tiene” o no tiene y que explica por qué se comporta como lo hace, es decir, por qué estudia con tanto ahínco, por qué le pone tanto entusiasmo a su trabajo y por qué entrena tantas horas para preparar una carrera de atletismo… Pues bien, lo cierto, y lo positivo, es que la “Motivación” es algo que se construye y cualquiera puede llegar a generar, si así lo desea.

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La motivación no es observable, es decir, no tiene existencia como una entidad “interna”, sino que debe inferirse precisamente de la conducta que manifiesta la persona, de lo que ésta hace o dice, pues será lo único que nos dé pistas de si existe o no motivación. Por tanto, la motivación nos la demuestra ese ahínco, empeño, entusiasmo del que hace gala la persona cuando se comporta ante determinada situación con el fin de lograr determinadas consecuencias positivas (Ej. estudiar para aprobar un examen, trabajar duro para lograr un accenso laboral o entrenar muchas horas para ganar una carrera de atletismo) o de evitar determinadas consecuencias negativas (evitar un suspenso, evitar una reprimenda del jefe si no llegas al objetivo, quedar mal posicionado en la carrera).

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En este sentido, la motivación no es lo que explica nuestro comportamiento, sino lo que describe las características de ese comportamiento (el “cómo” se da ese comportamiento). La motivación no es la causa de que nos comportemos entusiastamente, ejecutemos algo con ahínco o trabajemos duro. ¡Eso es a lo que llamamos “motivación” y es lo que tiene que ser explicado!

Entusiasmo, ahínco, dureza, son sólo adjetivos que califican una manera en la que una persona puede comportarse en una situación dada, pero no son la causa de ese comportamientoLa causa de ese comportamiento podría ser diferente para cada persona: en algunos casos lo que “motiva” a una persona podría ser el valor del refuerzo que anticipa (aprobar el examen, lograr un ascenso, ganar la carrera), en otros casos la “motivación” se derivará del valor del castigo que se anticipa (un suspenso, una reprimenda, no clasificar en la carrera), en otros casos la “motivación” para hacer algo se deriva de la presencia o ausencia de un estímulo interno o externo, es decir, de una condición existente previamente (por ejemplo que lleves muchas horas sin comer, hará más atractiva la comida y modificará las “ganas” o el “ímpetu” con el que abordas el plato de comida cuando éste se presente, dándole a éste más valor; en el mismo sentido, si llevas mucho tiempo sin hacer deporte, es posible que esa “ausencia de hábito” se manifieste en el modo en que abordemos el reinicio de la actividad deportiva, siendo este reinicio más “perezoso”; si llevamos mucho tiempo sin ir al cine, cuando aparece la oportunidad de ir, ese “ir al cine” será realizado con mucho más entusiasmo o “ganas” que si hemos ido la tarde anterior).

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Como vemos, la motivación nunca explica, sino que describe el modo en el que nos comportamos y se traduce en ciertas características de ese modo en que hacemos las cosas (la frecuencia, la intensidad, la duración, la latencia con que emitimos una conducta), así como en la influencia, el poder o el valor que tienen determinados estímulos externos e internos para evocar esa conducta, para reforzarla o para castigarla. Por ejemplo, estar haciendo la digestión (estado interno) dificulta el que llegada la hora del entrenamiento nos pongamos impetuosos a realizar ejercicio; que venga a visitarnos aquel amigo al que hace tanto que no vemos, hace que de repente nos apetezca más unirnos a esa cena de viejos amigos del colegio a la que tanta pereza nos daba asistir; el ver duplicado nuestro sueldo a fin de mes favorece que nos esforcemos más en alcanzar los objetivos; el anticipar lo mal que nos puede sentar comernos todo ese cubo de palomitas puede favorecer que nos controlemos más a la hora de comerlo que si no nos acordamos de estas consecuencias.

Como conclusión, de todo esto se deriva que la motivación no es una característica interna y permanente de las personas, ni algo que unos tengan y otros no, sino que es algo que depende de variables externas e internas que favorecen y explican su aparición. En este sentido, se pueden hacer cambios en uno mismo y el ambiente para favorecer el desarrollo de “motivación” y la aparición de comportamientos “motivados”. En concreto, en la práctica clínica, son muchas las estrategias de las que hace uso el psicólogo con el objetivo de motivar a la persona para el cambio y favorecer su implicación en la terapia.

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