La Motivación

¿Qué es la “Motivación?

Por lo general, a nivel cotidiano se entiende la motivación como una característica “interna” de la persona, algo que la persona “tiene” o no tiene y que explica por qué se comporta como lo hace, es decir, por qué estudia con tanto ahínco, por qué le pone tanto entusiasmo a su trabajo y por qué entrena tantas horas para preparar una carrera de atletismo, por poner un ejemplo. Esta idea es errónea. Lo cierto es que la “Motivación” es algo que se construye y cualquiera puede llegar a generar, si así lo desea.

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La motivación no es observable, es decir, no tiene existencia como una entidad “interna”, sino que debe inferirse precisamente de la conducta que manifiesta la persona, de lo que ésta hace o dice, pues será lo único que nos dé pistas de si existe o no motivación. Por tanto, la motivación la inferimos de ese ahínco, empeño, entusiasmo del que hace gala cuando la persona se comporta ante determinada situación con el fin de lograr determinadas consecuencias positivas (estudiar para aprobar un examen, trabajar duro para lograr un accenso laboral o entrenar muchas horas para ganar una carrera de atletismo) o de evitar determinadas consecuencias negativas (evitar un suspenso, evitar una reprimenda del jefe si no llegas al objetivo, quedar mal posicionado en la carrera).

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En este sentido, la motivación no es lo que explica nuestro comportamiento, sino que es lo que describe las características de ese comportamiento. La motivación no es la causa de que nos comportemos entusiastamente, ejecutemos algo con ahínco o trabajemos duro. ¡Eso es a lo que llamamos “motivación” y es lo que tiene que ser explicado!

Entusiasmo, ahínco, dureza, son sólo adjetivos que califican una manera en la que una persona puede comportarse en una situación dada, pero no son la causa de ese comportamiento. La causa de ese comportamiento podría ser diferente para cada persona: en algunos casos lo que “motiva” a una persona podría ser el valor del refuerzo que anticipa (aprobar el examen, lograr un ascenso, ganar la carrera), en otros casos la “motivación” se derivará del valor del castigo que se anticipa (un suspenso, una reprimenda, no clasificar en la carrera), en otros casos la “motivación” para hacer algo se deriva de la presencia o ausencia de un estímulo interno o externo, de una condición existente previamente (por ejemplo que lleves muchas horas sin comer, hará más atractiva la comida y modificará las “ganas” o el “ímpetu” con el que abordas el plato de comida cuando éste se presente, dándole a éste más valor; en el mismo sentido, si llevas mucho tiempo sin hacer deporte, es posible que esa “ausencia de hábito” se manifieste en el modo en que abordemos el reinicio de la actividad deportiva, siendo éste reinicio más “perezoso”; si llevamos mucho tiempo sin ir al cine, cuando aparece la oportunidad de ir, ese “ir al cine” será realizado con mucho más entusiasmo o “ganas” que si hemos ido la tarde anterior).

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Como vemos, la motivación nunca explica, sino que describe el modo en el que nos comportamos y se traduce en ciertas características de ese modo en que hacemos las cosas (la frecuencia, la intensidad, la duración, la latencia con que emitimos una conducta), así como en la influencia, el poder o el valor que tienen determinados estímulos externos e internos para evocar esa conducta, para reforzarla o para castigarla. Por ejemplo, estar haciendo la digestión (estado interno) dificulta el que llegada la hora del entrenamiento nos pongamos impetuosos a realizar ejercicio; que venga a visitarnos aquel amigo al que hace tanto que no vemos, hace que de repente nos apetezca más unirnos a esa cena de viejos amigos del colegio a la que tanta pereza nos daba asistir; el ver duplicado nuestro sueldo a fin de mes favorece que nos esforcemos más en alcanzar los objetivos; el anticipar lo mal que nos puede sentar comernos todo ese cubo de palomitas puede favorecer que nos controlemos más a la hora de comerlo que si no nos acordamos de estas consecuencias.

Como conclusión, de todo esto se deriva que la motivación no es una característica interna y permanente de las personas, ni algo que unos tengan y otros no, sino que es algo que depende de variables externas e internas que favorecen y explican su aparición. En este sentido, se pueden hacer cambios en uno mismo y el ambiente para favorecer el desarrollo de “motivación” y la aparición de comportamientos “motivados”. En concreto, en la práctica clínica, son muchas las estrategias de las que hace uso el psicólogo con el objetivo de motivar a la persona para el cambio y favorecer su implicación en la terapia.

 

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Acerca de Miriam Rocha Díaz

Psicóloga Colegiada: M-24220. Trabajo como psicóloga de Adultos, Adolescentes y Niños en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid) y soy tutora del Máster en Terapia de Conducta del mismo centro. Para más información, consultar: Datos de Contacto: Teléfono ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid): 914357595 Email Profesional: rochadiaz.m@gmail.com Web ITEMA: http://www.itemadrid.net/ Más datos sobre mi: Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Terapia de Conducta en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid). He colaborado en diferentes líneas de investigación en los Departamentos de Psicología Biológica y de la Salud y Psicología Social de la UAM.
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