La “Fuerza de Voluntad” se aprende

Cuando algo nos resulta costoso o cuando trabajamos por lograr objetivo a largo plazo (bajar de peso, salir a correr, dejar de fumar…), con frecuencia recurrimos a decir que “No tenemos Fuerza de Voluntad” como forma de explicar nuestra falta de persistencia o el abandono de nuestros propósitos. No obstante, la “fuerza de voluntad” no es algo que se tenga o no se tenga. No se trata de un rasgo interno ni de algo que llevemos en nuestros genes. Es una capacidad que se puede aprender, desarrollar y ¡entrenar!

La fuerza de voluntad es la capacidad de persistir en actividades, objetivos o conductas que no reportan un beneficio inmediato pero que, sin embargo, tendrán consecuencias positivas en el futuro y, precisamente por eso, nos las proponemos. No obstante, las consecuencias inmediatas son las que mayor peso tienen a la hora de mantener una conducta, y el trabajar por algo de lo que no vemos beneficios inmediatos y que además es inicialmente costoso, es muy difícil de mantener, pues el balance coste/beneficio es muy alto. Pero entonces… ¿Por qué hay gente capaz de realizar esfuerzos y mantenerlos en el tiempo?

No es que esas personas sean de una “pasta” especial ni que hayan nacido con rasgos innatos que les hacen capaces de ello, sino que han aprendido que les compensa trabajar por el beneficio diferido, pese a ese esfuerzo inicial, en lugar de desistir. Esto ha sido posible porque han persistido el tiempo suficiente como para ver resultados. Si siempre nos rendimos, es difícil que nos veamos alentados a continuar, pero si conseguimos hacer ese pequeño esfuerzo inicial, llegará un momento en que dicho esfuerzo ya no parezca tan grande y las gratificaciones que antes nos parecían tan lejanas, se empezarán a percibir y a disfrutar.

¿Qué podemos hacer para desarrollar la “fuerza de voluntad”?

Como acabamos de ver, la fuerza de voluntad no es otra cosa que la capacidad de vencer la pereza inicial, la capacidad de persistir en algo costoso, y sobre todo, la capacidad de traer al presente los beneficios futuros de las conductas que tanto nos cuestan (ej. bajar de peso, tener mejor salud, sacar mejores notas…).

La anticipación del refuerzo (pensar en los beneficios futuros de una conducta) competirá entonces con el esfuerzo de iniciarla y mantenerla y abrirá el camino a que empecemos a experimentar los beneficios reales. Una vez que hayamos persistido el tiempo suficiente y que las consecuencias positivas empiecen a llegar, todo nos resultará mucho más fácil por dos motivos: 1) Habremos desarrollado un hábito y la costumbre hará que todo cueste menos y 2) Los resultados positivos, ahora ya patentes, funcionarán como mantenedores de la conducta.

¿Pautas para dar el salto de la “vagancia” a la “fuerza de voluntad”?

Para dejar de ser vencidos por el esfuerzo que algo nos supone habrá que realizar ciertos cambios que nos ayudarán a persistir en nuestros objetivos:

1) Puesto que el refuerzo inmediato tiene mayor efecto mantenedor de la conducta habrá que traer al presente los refuerzos diferidos de la conducta que nos proponemos poner en marcha (ej. si dejo de fumar mejorará mi salud; si salgo todos los días a correr perderé peso).

2) Podemos servirnos de estrategias y trucos que nos ayuden a poner en marcha la conducta. Algunas sugerencias en este sentido podrían ser utilizar alarmas que suenen en el momento en que debamos empezar la conducta (ej. salir a correr o empezar a estudiar), dejar preparado el material necesario para que no tengamos que dedicar tiempo a ello y no resulte más costoso de lo necesario empezar, seleccionar la mejor hora del día o en la que nos será más fácil empezar la conducta…

3) Crear hábito. La práctica permite que la conducta se consolide, de manera que ya no demanda tanto esfuerzo ni atención realizarla. Podríamos decir que prácticamente “sale sola”. Además, se habrá asociado a ciertas señales (horas, momentos del día, situaciones y personas), en cuya presencia, la conducta se pondrá en marcha fácilmente y casi sin pensarlo. No tienes más que pensar en algún hábito que tengas desde hace tiempo.

La fuerza de voluntad es una capacidad que podemos desarrollar, y lo podemos hacer de manera focalizada (en algún objetivo concreto) o aprender a generalizarla a diversas conductas. Cuando aprendemos que muchas veces merece la pena hacer un esfuerzo en favor de beneficios futuros, estaremos en condiciones de aplicar esta regla en muchas facetas de nuestra vida, o al menos, en todas las que nos interese hacerlo.

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Acerca de Miriam Rocha Díaz

Psicóloga Colegiada: M-24220. Trabajo como psicóloga de Adultos, Adolescentes y Niños en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid) y soy tutora del Máster en Terapia de Conducta del mismo centro. Para más información, consultar: Datos de Contacto: Teléfono ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid): 914357595 Email Profesional: rochadiaz.m@gmail.com Web ITEMA: http://www.itemadrid.net/ Más datos sobre mi: Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Terapia de Conducta en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid). He colaborado en diferentes líneas de investigación en los Departamentos de Psicología Biológica y de la Salud y Psicología Social de la UAM.
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8 respuestas a La “Fuerza de Voluntad” se aprende

  1. omar alberto sanchez dijo:

    Como es usual, una cosa es saber que hacer, otra empezar y otra persistir. He vivido con esta dificultad mucho tiempo y siempre vuelvo a lo mismo: investigo muchas formas para superar el problema y sin embargo, emprendo muy poco y persisto menos

    • Sí Omar, es algo que normalmente nos ocurre con las cosas que nos cuestan o a las que no estamos acostumbrados. Pero podemos aprender a persistir en elle. La clave es mantener la constancia el tiempo suficiente como para que empecemos a percibir beneficios de ello. Habrá que empezar poco a poco y anticipar mucho las consecuencias positivas que percibiremos con el tiempo.

      • omar alberto sanchez dijo:

        gracias Miriam, por lo visto se torna un asunto de paciencia… o impaciencia segun se vea

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