Talent Shows y Realitys infantiles

masterchef_juniorPrecedidos por la repercusión mediática de los programas de adultos llegan los “Talent Shows” infantiles dispuestos a sumarse al carro del tirón de la audiencia. Con motivo de la entrevista que me realizaron para el periódico EL PAÍS en relación a este tema, dedico esta entrada a hablar más detenidamente sobre algunos aspectos de este fenómeno y sobre las recomendaciones que deberían tenerse en cuenta desde la propia organización de los programas y desde las familias para ayudar a los chavales a gestionar mejor estas experiencias, sin duda emocionantes e intensas, cuyas repercusiones en el menor dependerán de cómo sean gestionadas.

LA-VOZ-PLATOYa conocemos los “realitys” y “talent Shows” de adultos, pero ahora los protagonistas son menores; niños y niñas entre 8 y 15 años dispuestos a hacer sus sueños realidad a través de una oportunidad televisiva, bien sea dentro de una cocina o bailando o cantando en un gran escenario repleto de público… pero eso sí, delante de las cámaras y expuestos a una audiencia muy exigente y numerosa que opina, alaba y critica desde el sillón de su casa… y ahora también, desde las redes sociales.

Estos programas en los que los protagonistas son niños que compiten entre sí ya existían antes, no son nada nuevo (podemos recordar algunos como “Menudas Estrellas” en que los niños imitaban a artistas), pero la evolución y difusión de los programas de adultos y la expansión de las redes sociales han creado un contexto diferente al existente hace años: Todo está mucho más mediatizado, por lo que la repercusión del programa es mucho mayor y más global. La masa opina sobre lo que ve y la audiencia a su vez atrae nueva audiencia. Se comentan los programas en los grupos de amigos y familiares que lo siguen y a través de las redes sociales… Se genera todo un seguimiento compartido compuesto por simpatías hacia ciertos concursantes y antipatías hacia otros. El concurso y sus participantes se convierten en un fenómeno capaz de generar entre la población emociones intensas y una gran implicación por parte de los televidentes que opinan, votan, defienden a sus preferidos y critican a los que no les gustan.

Antes todas estas opiniones quedaban reducidas al salón de casa o a la conversación con los amigos, pero ahora se convierten en algo público gracias al auge de las redes sociales. Ha habido un cambio en el formato de los concursos que ya lleva años afectando a la versión de adultos, pero ahora los concursantes van a ser también los menores y eso implica adoptar algunas medidas, pues partimos de la base de que se trata de una población mucho más vulnerable.

Una experiencia de aprendizaje… ¿Positiva o Negativa?

La participación de los menores en este tipo de concursos puede ser toda una experiencia de aprendizaje que no tiene por qué ser negativa, pero todo depende de cómo se gestione, en primer lugar desde la organización del concurso y en segundo lugar desde la familia y su entorno más cercano.

masterchefDentro del programa el menor se verá expuesto a muchas experiencias y situaciones que también se dan en su entorno cotidiano (situaciones de compañerismo o competición, situaciones de valoración, situaciones de esfuerzo y demostración de habilidades, exposición a críticas o cumplidos…), pero dentro del programa, dichas situaciones se dan en un contexto atípico (bajo la presión de jurados, público y toda la audiencia televisiva). Además las propias características del concurso (ritmos y horarios de grabación, dinámicas de las pruebas…) implican cambios en sus rutinas habituales de vida y exigen una rápida adaptación por parte de los menores, de los que se espera que estén a la altura.

El cauce que tome la experiencia del concurso dependerá básicamente de tres aspectos: 1) Las características propias del participante (las habilidades de afrontamiento con las que cuenta y su “manera de ser”), 2) La manera de dirigir y gestionar el concurso por la propia organización y 3) La actuación desde la familia. Veámoslo uno por uno:

  • Las características del menor: no debemos olvidar que cada chaval tendrá sus propias particularidades. A lo largo de sus experiencias de vida (aunque corta) habrá ido desarrollando una “manera de ser”, de comportarse o reaccionar ante las situaciones y tendrá mayor o menor habilidad para enfrentarse a ciertas cosas (ej. Habrá niños que toleren peor las críticas, que sean más sensibles a la evaluación, que sean más empáticos o colaboradores, otros que sean más autónomos e independientes…). Todas estas características personales ya constituyen un filtro que establece diferencias en la manera de afrontar el concurso por parte de cada uno. No debemos de perder de vista que al tratarse de menores, aún se están desarrollando como personas; están configurando su “personalidad” y aprendiendo recursos de afrontamiento. No están en el mismo punto que los adultos y esto se debe tener en cuenta. Sin duda, el participar en un concurso puede ser una experiencia que contribuya a su desarrollo y enriquecimiento personal, siempre y cuando se les ayude a llevarlo de la manera más adecuada. En esto juegan un importante papel la organización del concurso y la familia.
  • juniorLa actuación de la organización del concurso: Las decisiones que la organización tome sobre la manera de diseñar el concurso, sus actividades y dinámicas, los modos de expulsión, los premios a otorgar… son clave para el cauce que éste tome. Partiendo de que la base es competir por unos premios, esta competición puede ser más agresiva o más positiva en función de las relaciones que se creen entre los concursantes y de cómo estén diseñadas las diferentes actividades, pruebas y eliminatorias. El propio concurso puede favorecer climas de conflicto y competencia negativa o bien, de compañerismo, respeto y buenas relaciones entre los chavales. Sería importante favorecer la igualdad entre los participantes, gestionar los favoritismos (que éstos no sean muy notorios y que todos los concursantes puedan destacar o ser destacados por alguna cualidad) y cuidar el modo en que se transmiten los juicios del jurado. Se les debe corregir, pues sin ello no hay posibilidad de aprendizaje y evolución, pero las formas son aún más importantes cuando se trata de niños y habría que combinar la corrección de errores con la alabanza de éxitos. También se deben tomar medidas para hacerles más fácil el proceso de adaptación a las condiciones del concurso (ej. Menos horas de grabación y ritmos del programa menos intensos que en los adultos…), procurando la menor ruptura posible con su contexto habitual y con sus rutinas y estudios.
  • La actuación de las familias: Los padres y allegados pueden ser una fuente de apoyo importante para el menor. De su actuación sobre todo durante y después del concurso puede depender la manera en la que afecte al chaval la experiencia vivida. El manejo de la fama, la readaptación a la vida cotidiana, si se permite o no al niño continuar dando pasos en dirección a sus sueños y metas una vez finalizado el concurso… Todos estos serán aspectos sobre los que la familia deberá decidir.

¿Qué pasa con la fama?

La gran audiencia y difusión mediática que tienen estos programas, potenciada en los últimos tiempos por las redes sociales, es otra de las características a tener en cuenta, y más aún si se trata de menores, sobre los que la exposición a la crítica social y a la falta de privacidad puede tener unos efectos más o menos positivos o negativos, en función de cómo se maneje.

La voz kidsDe nuevo, la familia y la organización del programa tendrán mucho que decir en cómo se gestione todo esto. Desde dentro del concurso y desde fuera, serán ellos los que puedan ayudar al menor y dirigirle en el modo de procesar y actuar ante esta repercusión pública, evitando que se pueda ver desbordado por el fenómeno intenso y efímero de la fama. Hay que tener en cuenta que el chaval puede pasar de ser anónimo a ser una figura conocida (querida por algunos y criticada por otros) en muy poco tiempo, sin que haya podido irse habituando a ello. Por ello es importante que se le ayude en este proceso de adaptación de varias maneras:

  • Hacerle ver que la fama es un fenómeno efímero y pasajero, tratando de ajustar sus expectativas respecto a lo que será de todo el reconocimiento que ahora está experimentando pasado un tiempo.
  •  Es importante recordarle sus puntos fuertes, las cualidades y valores que le hacen destacar como persona y alabarle por ello, más allá del reconocimiento mediático que el programa le haya podido traer. De esta manera, estaremos favoreciendo que una vez que la fama haya remitido, el chaval sepa valorarse a sí mismo, con independencia de la duración del reconocimiento social.
  • Es importante mantener los límites y normas que previamente existían en casa y retomar las actividades y rutinas cotidianas una vez finalizado el concurso. Así mismo, habría que procurar que la fama y los posibles compromisos mediáticos no le impidan mantener el contacto con su entorno social y amigos de siempre. Preservar la normalidad en su vida es la mejor arma para protegerle del efecto de la fama.
  • Hacer ver la importancia de los estudios y la formación como medio para poder lograr sus objetivos de vida. Se le puede permitir y facilitar que siga abriéndose camino en aquello que le gusta (ej. Danza, canto, cocina…), pero sin abandonar los estudios y dejándole claro que el esfuerzo, la persistencia y la formación serán las únicas vías para lograr sus fines.
  • Dialogar con ellos sobre la imagen que se ha podido transmitir durante el concurso y que corre por las redes y la calle. Tanto si las opiniones son buenas, como si son malas, es importante que se hable de ello con el chaval, siempre, eso sí, adaptando la información y el modo de contarla a su edad, comprensión y sensibilidad. Pero es mejor exponerle a ello de manera controlada en casa, a que pueda verse expuesto a estas opiniones fuera. De este modo se tendrá la oportunidad de ayudar a relativizar esa información y a rebatirla desde las personas que más le conocen, favoreciendo que el niño desarrolle confianza en sí mismo y capacidad para afrontar mejor los comentarios negativos que puedan llegarle. Sería importante evitar tanto que el niño tienda a sobrevalorarse y considerarse por encima, como que se vea perjudicada su estima personal.

Como conclusiones podríamos decir que este tipo de concursos no tienen por qué tener consecuencias negativas para el desarrollo de los menores que participen, sino que pueden constituir experiencias de aprendizaje, que bien gestionadas desde los adultos, puedan ayudarles a desarrollarse como personas y encaminarles en la búsqueda de sus metas. La organización del programa y la familia tienen papeles clave en la toma de decisiones sobre aspectos como las dinámicas, formato y normas de concurso, la readaptación a la vida cotidiana, o el manejo de la fama.

Enlazo el artículo con la entrevista para EL PAÍS: “Cuando los niños son las estrellas”.

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Acerca de Miriam Rocha Díaz

Psicóloga Colegiada: M-24220. Trabajo como psicóloga de Adultos, Adolescentes y Niños en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid) y soy tutora del Máster en Terapia de Conducta del mismo centro. Para más información, consultar: Datos de Contacto: Teléfono ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid): 914357595 Email Profesional: rochadiaz.m@gmail.com Web ITEMA: http://www.itemadrid.net/ Más datos sobre mi: Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Terapia de Conducta en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid). He colaborado en diferentes líneas de investigación en los Departamentos de Psicología Biológica y de la Salud y Psicología Social de la UAM.
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