¿Se aprende a ser celoso? ¿Y a dejar de serlo?

En un post anterior hablaba sobre los celos y explicaba que son muchos los factores que pueden llevar a alguien a comportarse de un modo celoso. Es importante aclarar que “los celos” son un modo de vivir y manejar la relación de pareja, que no sólo afectan a la persona celosa (que sufre tremendamente), sino también a la pareja y por consiguiente repercute en la relación, pudiendo resentirse enormemente.

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En este post me gustaría hacer énfasis en la idea de que no se nace siendo celoso, sino que se aprende a “ser celoso”, mejor dicho, se aprende a comportarse de una manera celosa con nuestra pareja (para comprender mejor los comportamientos celosos puede serte de ayuda releer el post al que hacía antes referencia). Lo bueno de esto es que podemos aprender a gestionar la relación de pareja de otra manera más saludable y satisfactoria… podemos trabajar la confianza en nuestra pareja y podemos aprender a gestionar mejor nuestros miedos e inseguridades sobre nuestra pareja (en su mayor parte irracionales), sin que estos nos lleven a necesitar controlarlo todo.

¿Cómo aprendemos a estar en pareja?

La forma en la que interactuamos con nuestra pareja es algo aprendido. Nadie nace sabiendo “estar” y convivir en pareja, pero aprendemos a partir de la observación de otras personas (la relación de nuestros padres o de personas cercanas), de lo que divulgan los medios de comunicación y a través de nuestras propias experiencias previas. Podemos aprender de los errores cometidos, así como podemos adaptarnos a las necesidades de cada pareja con la que estamos. El otro miembro de la pareja se puede convertir también en un modelo de comportamiento del que aprendamos cosas.

Todos tenemos seguramente la experiencia de que nuestras relaciones con diferentes personas se han caracterizado también por un modo relativamente distinto de actuar con cada una de ellas. En todas ellas habremos aprendido y modificado algo, nos habremos adaptado a la otra persona y el otro habrá tenido que adaptarse a nosotros.

Aunque en cada relación de pareja haya una cierta tarea de adaptación al otro por parte de ambos miembros, es también posible que a lo largo de nuestras relaciones vayamos aprendiendo o desarrollando un patrón más o menos estable de interactuar en pareja, una “forma de ser en pareja” (por ejemplo, podemos caracterizarnos por ser permisivos con la pareja, por ser dialogantes, por ser pacientes, por ser muy demandantes…) y es posible que despleguemos ese patrón en mayor o menor intensidad en nuestras diferentes relaciones. En función de cómo responda a estas conductas la otra persona, puede que esos patrones se refuercen o se reduzcan (ej. si tendemos a ser demandantes y la pareja accede a estas demandas es probable que tendamos a demandarle cosas con más frecuencia que a otro que no es tan “cumplidor”; si no somos personas muy dialogantes pero a nuestra pareja le gusta poner las cosas sobre la mesa y hablarlas, podemos acostumbrarnos a hablar más las cosas; si somos personas a las que nos gusta reservar momentos para los amigos y que la pareja haga lo mismo, pero nuestra pareja es más de hacer planes de pareja, tendremos que buscar el término medio y adaptarnos a ello…).

 Pero… ¿Cómo se aprende a ser celoso?

Los celos pueden aparecer en distintos momentos de la vida. Durante la infancia, con la llegada de nuevos hermanos, muchos niños pequeños pueden experimentar estas emociones y realizar comportamientos celosos. Más adelante, durante la adolescencia o la edad adulta, pueden aparecer comportamientos celosos puntuales o irse desarrollando una tendencia a ser celoso en las relaciones interpersonales. El aprendizaje de estos comportamientos celosos ha podido realizarse por mecanismos diversos: Ideas transmitidas por el entorno sobre las relaciones, observando cómo se relacionan otras parejas (padres, amigos, personas en la televisión o el cine…), tomando como modelo de conducta una pareja anterior con la que se ha estado, aprendiendo de nuestras experiencias en pareja (ej. haber tenido previamente una experiencia real de infidelidad puede afectar al comportamiento futuro con otras parejas). Así mismo, los celos no necesariamente pueden mostrarse hacia una pareja, sino hacia cualquier persona querida, bien sea un padre, un cuidador, un amigo…una pareja sentimental.

Los celos en la infancia: Desde la infancia aprendemos estrategias para conseguir atenciones de nuestros padres o familiares y que éstos satisfagan nuestras necesidades. Estas personas se convierten en claves para nuestra supervivencia y en la interacción con ellos se generan fuertes vínculos afectivos. Es normal que ante la posible pérdida de estas importantes fuentes de cariño y satisfacción de necesidades aparezcan de manera espontánea sentimientos de “celos” y miedos a dejar de ser algo importante para el otro (si aparece otro foco de atención, por ejemplo un hermano). Esto lleva muchas veces al menor a realizar acciones para restablecer la atención y prevenir el alejamiento del ser querido, no con el fin de manipularle, sino con el fin adaptativo de mantener cerca a esas personas que nos reportan bienestar y satisfacen nuestras necesidades físicas y emocionales. Si en el ambiente familiar, en la interacción padres-hijos, no se ha sabido gestionar de manera adecuada las muestras de cariño y atención y la expresión y demanda de afectos (por ejemplo no sabiendo distribuir de manera equitativa la atención de los padres hacia los hermanos), puede que los menores desarrollen miedos a la pérdida, temores a dejar de ser queridos o a ser menos queridos que algún hermano y que se aprendan “los celos” como manera habitual de reaccionar emocionalmente ante la posibilidad de una pérdida afectiva, recurriendo a conductas de control y búsqueda de atención, si éstas actuaciones resultan efectivas para recuperar la atención de los padres.

Los celos en la edad adulta: El haber experimentado celos infantiles no deriva necesariamente en un problema de celos en la edad adulta, todo depende de cómo se gestionen esos celos y de cómo transcurra el aprendizaje de la persona y sus experiencias vitales. No obstante, si este patrón de comportamiento aprendido en la infancia persiste y se generaliza a otro tipo de relaciones interpersonales, como las de amistad o pareja, puede llegar a configurarse una tendencia relativamente estable a comportarse de manera celosa en lo interpersonal (tendencia a ser celoso con las relaciones). Sin embargo, en muchas ocasiones ese modo de comportarse se va configurando poco a poco por diferentes influencias en la vida de la persona o emerge en el seno de una relación por algún motivo que le dé pie.

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Los celos además son una cuestión de grado y pueden estar circunscritos a diferentes áreas (hay personas más y menos celosas, y hay quien lo es para la pareja, pero no para las amistades o al revés). Las caracterísitcas de nuestra pareja o de nuestra relación de pareja en confluencia con factores personales pueden además favorecer o no la aparición de celos en determinadas personas. Una persona que nunca había sido celosa puede encontrarse sintiendo celos en una determinada relación. Sin embargo, eso no quiere decir que vaya a ser siempre celosa o que no pueda tratar de modificar ese problema cuando aparece, buscando ayuda si se hace necesario.

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*En el siguiente post hablamos de la diferencia entre celos “normales” y celos patológicos y de la posibilidad de trabajar el problema de celos para superarlo.

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Acerca de Miriam Rocha Díaz

Psicóloga Colegiada: M-24220. Trabajo como psicóloga de Adultos, Adolescentes y Niños en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid) y soy tutora del Máster en Terapia de Conducta del mismo centro. Para más información, consultar: Datos de Contacto: Teléfono ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid): 914357595 Email Profesional: rochadiaz.m@gmail.com Web ITEMA: http://www.itemadrid.net/ Más datos sobre mi: Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Terapia de Conducta en ITEMA (Instituto Terapéutico de Madrid). He colaborado en diferentes líneas de investigación en los Departamentos de Psicología Biológica y de la Salud y Psicología Social de la UAM.
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4 respuestas a ¿Se aprende a ser celoso? ¿Y a dejar de serlo?

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