Internet y las nuevas plataformas de contenido audiovisual, televisión y cine, están cambiando los hábitos del consumo de series, posibilitando lo que podríamos denominar “atracones”: Un visionado de capítulo tras capítulo, que cuesta cortar cuando una serie logra engancharte e interesarte.
Las series que nos gustan nos proporcionan gratificaciones intensas: nos permiten desconectar un tiempo al volver a casa del trabajo o de un día de estudio, pasar un buen rato a solas o compartido con la pareja, amigos o familia, disfrutar con los personajes y emocionarnos con las historias con las que a veces nos identificamos y que otras veces nos resultan muy lejanas y fantasiosas (y quizá por eso nos gustan, porque nos ponen en una realidad «imposible»); a veces nos enseñan cosas de otras épocas, nos retiran de nuestra realidad cotidiana, nos muestran cosas que nos gustaría vivir o cosas que no querríamos vivir nunca…
Las emociones derivadas de las tramas de ficción son un potente «enganche»… los estados positivos que experimentamos, los estados de intriga por no saber qué va a ocurrir, la empatía que nos despiertan ciertos personajes, la posibilidad de fantasear con las historias, incluso el miedo y el terror (en su justa medida)… pueden resultar tremendamente gratificantes por la liberación de adrenalina y endorfinas que esta diversidad de emociones generan.
Existen además un conjunto de factores que favorecen que las series desencadenen estos patrones de consumo “compulsivo”:
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VÍDEO
Por qué enganchan las series